En China, los hijos de los fundadores de empresas privadas son a menudo etiquetados como fuerdai, que se traduce como “ricos de segunda generación”.
Esta etiqueta conlleva una serie de expectativas, donde se asume que estos jóvenes están destinados a heredar no solo el negocio familiar, sino también la considerable riqueza acumulada por sus padres. Sin embargo, la realidad es más compleja, ya que muchos de estos herederos se encuentran en medio de un conflicto generacional. No todos están dispuestos o son capaces de continuar con el legado familiar. Este choque entre las expectativas de los fundadores y las aspiraciones de la nueva generación puede poner en riesgo la continuidad de las empresas.
“La transición de liderazgo puede ser un desafío significativo”, señala un experto en negocios familiares.
Es fundamental que las empresas familiares encuentren formas de adaptarse a estos cambios para asegurar su futuro en el competitivo panorama económico de China.