El conflicto militar de siete semanas en el Medio Oriente ha generado volatilidad en los mercados financieros y energéticos, lo que ha aumentado la demanda de activos refugio. Hong Kong se perfila como un beneficiario clave, especialmente en los mercados de oro, propiedades y capital.
La ciudad ha visto un aumento en la afluencia de bancos que buscan proteger sus negocios y expandir su presencia en el territorio. Además, ha crecido el interés de los inversores globales por añadir activos de China continental a sus carteras, lo que podría ampliar la base de clientes para la industria de gestión de activos de Hong Kong y las oficinas familiares. Esto también está impulsando la demanda de productos financieros vinculados al yuan offshore.
“En ese contexto, China y Hong Kong están atrayendo atención renovada”, dijo Gary Dugan, CEO de The Global CIO Office en Dubái.
A lo largo de los años, la posición de Hong Kong como centro financiero en la región Asia-Pacífico ha sido desafiada por Dubái, que ha emergido como un vínculo clave entre Asia y Europa. Sin embargo, la inestabilidad provocada por la guerra ha revitalizado el interés en Hong Kong, gracias a su ubicación geográfica, un tipo de cambio fijo, flujos de capital libres y el respaldo de la fortaleza económica de China.
Dubái ha basado su economía en el comercio, el turismo y las finanzas, alejándose del petróleo para lograr un crecimiento sostenible. Con una población de 4 millones, de los cuales el 80% son expatriados, la ciudad se ha convertido en un centro global para el comercio de oro y posee la segunda bolsa de valores más grande de la región, con un valor de mercado combinado de 1.01 billones de dólares estadounidenses.