La narrativa del llamado China Shock 2.0 ha sido objeto de debate recientemente. Según varios analistas, este concepto no refleja la complejidad de la situación actual. Ellos argumentan que no solo es China la responsable de su creciente superávit comercial, sino que también las fuerzas macroeconómicas en el Occidente, especialmente en los Estados Unidos, tienen un papel clave en este fenómeno. Por ejemplo, mientras que China reportó un superávit comercial de más de 1 billón de dólares en los primeros once meses del año pasado, las dinámicas de consumo en EE. UU. están alimentando esta tendencia.
Como mencionó Xu Tianchen, un economista senior de la Unidad de Inteligencia de The Economist, “China Shock 2.0 no es completamente una historia de China; depende tanto de los avances industriales de China como de la demanda del resto del mundo.” Esto resalta que el consumo estadounidense ha estado impulsado por años de estímulos económicos, mientras que una prolongada caída en el sector inmobiliario en China ha reforzado el patrón global de producción china y consumo americano.
A pesar de este superávit en bienes, es interesante notar que el comercio de servicios de China ha estado en déficit. Según datos del Ministerio de Comercio, el déficit alcanzó los 806.35 mil millones de yuanes (aproximadamente 115.6 mil millones de dólares) en el mismo período. Esto muestra una imagen más matizada de la economía china y su interacción con el comercio global.


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