La rivalidad tecnológica entre Estados Unidos y China ha dejado de ser solo una competencia en laboratorios y salas de juntas; ahora se ha trasladado a los mercados de capital. Este nuevo campo de batalla está definiendo quién obtiene financiamiento y credibilidad en un mundo donde la ambición se valora al instante.
A medida que ambos países impulsan sus ecosistemas tecnológicos rivales, las ofertas públicas iniciales (OPIs) se han convertido en un referéndum de alto riesgo. Los inversores están atentos, ya que el flujo de listas tecnológicas está creciendo, y se espera un año récord para las OPIs en el sector tecnológico.
En EE. UU., todos los ojos están puestos en empresas privadas como OpenAI, Anthropic y SpaceX de Elon Musk. Cualquier listado de estas compañías podría ser un verdadero blockbuster, con recaudaciones que podrían alcanzar decenas de miles de millones de dólares.
Por otro lado, en China, un número creciente de desarrolladores de IA y fabricantes de chips están preparando su ingreso a los mercados de Hong Kong y el continente. Beijing está apostando fuerte por la autosuficiencia tecnológica. Según Joel Cheung, analista de la Unidad de Inteligencia de Economist, “en medio de reglas de inversión más estrictas en EE. UU. y las ambiciones de autosuficiencia de China, los mercados de capital forman parte de una competencia industrial y tecnológica más amplia”.


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