Cuando el gobierno de EE. UU. anunció la inclusión de 43 empresas chinas en una lista negra de importación a finales de julio, esto generó una sorpresa moderada en la región. Las acusaciones de trabajo forzado en la región autónoma Uygur de Xinjiang han sido un tema candente, y entre las empresas afectadas se encuentran varias marcas reconocidas de alimentos y prendas de vestir. Sin embargo, la reacción local fue sorprendentemente tranquila.
El propietario de un molino de algodón en el sur de Xinjiang expresó que, a pesar de la noticia, el sector no debería verse gravemente afectado. Esto refleja una confianza en la resiliencia de la industria textil, que ha enfrentado desafíos en el pasado. Además, se observa que muchos productores locales están adaptándose a las nuevas circunstancias y buscando formas de mantener su competitividad.
“No debería haber un gran impacto en el sector”, comentó el empresario.