A medida que el presidente de EE. UU., Donald Trump, se prepara para una posible visita a China este abril, hay un tema que seguramente marcará la pauta en sus negociaciones: la necesidad de EE. UU. de asegurarse el acceso a recursos estratégicos como el galio. Este metal es fundamental para diversas industrias tecnológicas, desde semiconductores hasta coches eléctricos.
Con la suspensión de la prohibición de exportaciones de galio y otros metales por parte de China, que expirará en noviembre, la administración Trump tiene como objetivo inmediato evitar tensiones en torno a estos minerales críticos. Esto les permitiría ganar tiempo mientras se apresuran a desarrollar fuentes alternativas de suministro.
China controla casi el 99% de la producción primaria de galio a nivel mundial, según un informe de Cerro de Pasco Resources. Mientras tanto, EE. UU. depende completamente de las importaciones para su galio, con aproximadamente el 95% de esas importaciones provenientes de China. Esta dependencia se ha convertido en una vulnerabilidad estratégica en medio de la guerra comercial entre EE. UU. y China.
Como resultado de estas tensiones, muchas empresas occidentales enfrentaron escasez de insumos cruciales, como los imanes de tierras raras, el año pasado. Una vez que se llegó a una especie de tregua comercial el noviembre pasado, el Ministerio de Comercio de China suspendió la prohibición de envío de galio, germanio y antimonio a EE. UU. por un año. Sin embargo, este control de exportaciones sigue vigente y la suspensión está programada para expirar el 27 de noviembre, lo que significa que la prohibición podría reanudarse después de esa fecha.


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